Las cosas que me avergüenzan

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¿Te sientes incómoda con frecuencia por cosas que haces o no haces? ¿Te es familiar reprimir ciertas necesidades o gustos por el qué dirán? ¿Repasas una y otra vez diálogos, frases o situaciones ya vividas… pensando cómo te habrán visto otros…?

Puede que estés siendo víctima de la vergüenza y sus consecuencias no son para tomarlas a guasa, pues -por responder a las expectativas marcadas por el entorno- te puedes ver renunciando a tus deseos y necesidades, con el correspondiente coste personal y en una actitud absolutamente complaciente para los demás, pero decididamente castrante para ti.

Por definición encontramos que una de las acepciones de la vergüenza es: “sentimiento de pérdida de dignidad causado por una falta cometida, o por una humillación o insulto recibidos”. En este sentido, el sentimiento de falta de valoración e incomodidad que genera en quién lo porta, le impide actuar con resolución ante el hecho en cuestión que le ha llevado a avergonzarse.

Sentir vergüenza nos vuelve especialmente vulnerables a la opinión y juicios ajenos. Dificulta el acceso a la fuente de fortaleza y sabiduría que tenemos dentro, también llamada intuición; se trata pues, de una renuncia inconsciente a las propias capacidades para hacer lo que queremos, en pos de un sentimiento que nos devuelve al niño o niña que un día fuimos.

La vergüenza es bastante común -aunque no exclusiva- en las mujeres, de hecho la feminización de la vergüenza es un tema recurrente en las redes sociales y no son pocos los que han escrito sobre ello. A mi modo de ver, la vergüenza ha servido a lo largo de la historia como mecanismo de control y sometimiento de las mujeres al sistema dominante, el establecido por y para hombres, ya que a través de la  experimentación de este sentimiento se hace lo posible por adaptar el propio  comportamiento al marcado por el grupo, por la mayoría. Desde este punto de vista, la vergüenza se deposita en las mujeres para que tengan un comportamiento social más comedido, para que supriman la fuerza y el coraje para hacer valer sus propias necesidades y aspiraciones.

Además, parece que está grabado a fuego en el inconsciente colectivo que hay ciertas cosas por las que las mujeres deben avergonzarse… como expresar los propios deseos; finalizar una relación de pareja estable,  que un hombre la rechace  -o peor aún- la deje por otra mujer… no ser la más joven, las más bella o atractiva del grupo, etc.  El autorechazo y la culpa culminan en lo que conocemos como falta de amor propio, y es precisamente esa falta de amor la que produce una serie de síntomas como la desvalorización y autocensura ante todo aquello que pueda suponer una amenaza para la propia imagen, esa estructura construida a lo largo de los años y tras la que una persona puede decidir esconderse, a veces para siempre.

Aquí cada cual porta –al menos- una buena semilla para mejorar este planeta… y hay quiénes portan millones de ellas. Puede que tu vergüenza te impida plantar unas cuantas por tenerlas escondidas en no sé qué lugar dentro de ti, como si de ella fuese a brotar algo feo o monstruoso, algo de lo que los demás se puedan reír o puedan criticar de ti…

¡Pamplinas!

Soltémonos el pelo y mandemos la vergüenza a paseo aunque sea media hora al día… en pequeños detalles conscientes, en los propios pensamientos, en la comunicación con las personas más cercanas o como buenamente se te ocurra… de forma saludable y ecológica con tu entorno. Al cabo de 40 días haciéndolo ya habrás instaurado un nuevo software (también llamado hábito), el de la desvergüenza, aunque sea para contrarrestar el otro que lleva tantos años contigo.

Reflexiona sobre lo siguiente:

  • ¿Quién no ha cometido uno, dos, tres, cuarenta y tres… errores en su vida?
  • ¿Quién no ha asegurado algo de lo que no estaba del todo seguro?
  • ¿Quién no ha realizado promesas que no ha podido cumplir?
  • ¿Quién no ha tenido un mal pensamiento hacia algo o alguien, aunque haya sido de manera fugaz?
  • ¿Quién carece de una habilidad concreta para hacer algo? (y digo solamente una porque soy bienpensada).
  • ¿Quién no ha hecho el ridículo alguna vez en toda su vida? (aquí los y las valientes, o los que tienen sentido del humor.., seguro que pueden admitir más de una media de 20 veces).
  • ¿Quién no se ha sentido rechazado o no amado al menos un vez en su vida por alguna otra persona?

A ver… somos humanos y estas cosas pertenecen a los de nuestra especie, ¿lo tienes claro ya? En esto sí que coincido en que todos somos uno.

Inmaculada Asensio Fernández

Uso del diario de campo en trabajo social

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Imagen tomada de: miaugatito.org

Hoy me apetece hablar sobre  el diario de campo, un instrumento que permite la reconstrucción de hechos, conversaciones, situaciones y espacios físicos, cuyas anotaciones se utilizan para evaluar las actividades del día y para programar nuevas tareas y, como no, para poder diagnosticar. En las ciencias sociales se define al diario de campo como la libreta o cuaderno donde se anota, al finalizar la tarea, la relación de los hechos observados” (Sánchez, 2004). El diario de campo también es un instrumento que se utiliza para la investigación, ya que sirve para sistematizar la propia experiencia, de manera que permite registrar hechos y datos para su posterior interpretación y análisis de cara a extraer luego unos resultados.

Entre las muchas funciones que desempeñan los trabajadores sociales, una de las más importantes consiste en investigar problemas, necesidades y fenómenos de carácter social, en aras a intentar restablecer el orden en una situación problemática dada. Para ello hay que ser especialmente cautelosos en el tratamiento de la información que analizamos.  Cuando estudiaba la carrera de trabajo social (97-2001) el profesorado siempre nos hablaba de la importancia de hacer uso del diario de campo, para describir de manera detallada la realidad social que estaba viviendo una persona o familia. Hasta que no comencé a trabajar como trabajadora social no me di cuenta de la importancia que tiene el manejo de este recurso, pues facilita la labor de traer al presente lo observado en el pasado (hace un rato, ayer, la semana pasada…) con el menor margen de error posible. Para Hogenboom (2013) la mente es una fábrica de recuerdos falsos, en el sentido de que todos creamos recuerdos imaginados, pues las pistas que pueden dirigir nuestros recuerdos en la dirección equivocada son sutiles, y no nos damos ni cuenta.

Podemos afirmar, por tanto, que de algún modo rellenamos los huecos vacíos (por falta de recuerdos) con información que nosotros mismos hemos creado, por inferencia o deducción, y salvo que nos cuestionemos o nos cuestionen la validez de todo lo que hemos reflejado o expresado en nuestras investigaciones o comunicaciones, somos ajenos a estos procesos naturales de la mente humana. Según expresa Sergio Della Sala -experto en neurociencia de la Universidad de Edimburgo- «los falsos recuerdos son subproductos de un sistema de memoria que funciona bien, que puede deducir muy rápido» Hogenboom (2013:1).

Es importante tomar nota sobre el resultado del trabajo realizado en una entrevista, sobre todo si es domiciliaria, donde la información no viene sólo a través del discurso de la persona o de su actitud, sino que el entorno proporciona -si cabe- aún más información. En el momento que las cosas suceden tenemos la creencia de que vamos a recordar todo con lujo de detalles, pero la realidad no es tan amable la mayor parte de las veces… lo que no recuerdas lo pones de tu cosecha.

Si te acostumbras a utilizar un diario de campo, además de ir cogiendo manejo en la observación (desarrollas tu capacidad de atención), te prepara para desarrollar un pensamiento más reflexivo, lo que facilita crecer, profesionalmente y como persona. Es importante, por tanto, que se den los dos movimientos: por un lado la observación (que será oportunamente registrada) y por el otro el análisis o reflexión de lo observado y percibido, de este modo es como se puede llegar a una conclusión más o menos certera (diagnóstico) y tomar mejores decisiones.

Hay una serie de apartados que vamos a recoger siempre:

1º Identificación del profesional en la primera página, indicando nombre y apellidos y el teléfono o email. Es recomendable dejar alguna anotación escrita por si pierdes el diario, solicitando por favor que si alguien lo encuentra te lo devuelva.

2º Si lo utilizas para entrevistas y/o visitas domiciliarias, identifica bien a la persona o familia en cuestión que vas a visitar, antes del encuentro. Si es posible haz algún resúmen sobre el caso, si has tenido que realizar previamente alguna gestión (documental, coordinación con otros profesionales, etc). Esta información es bueno tenerla a mano durante el transcurso de la visita, para no olvidar nada.

3º Si hay alguna cuestión importante que abordar en la entrevista, o algún dato relevante a recoger, anótalo previo a la entrevista, para que no se olvide.

4º Durante la entrevista has de sostener la mirada de quién te está hablando, de manera que no puedes estar todo el tiempo mirando tu diario y escribiendo. De este modo puedes tomar alguna nota suelta que consideres importante, para no olvidarla, y justo tras la entrevista la retomarás de inmediato para desarrollarla.

5º Cuando termines la entrevista, toma tu diario y anota todos los asuntos abordados, haciendo especial hincapié en los datos de relevancia para el caso. Cuanto más tardes en escribir todo esto,más margen de error podrás encontrar.

6º Toda esta información recogida será fruto de análisis y serán tus pruebas para deducir o inferir, y tomar decisiones. Imagina cuán importante es respetar este apartado de manera fiel.

No olvides que tu diario de campo es un instrumento en el que se pueden registrar datos de carácter personal, de este modo nos vamos a asegurar de guardar bien la confidencialidad de todo lo escrito, para lo cual vamos a limitar el acceso a nuestro diario al resto de personas.  La confidencialidad no es una opción, es una decisión responsable y respetuosa con el medio.

 

Referencias:

  • Hogenboom, M. (2013): «La mente, una fábrica de recuerdos falsos». BBC Mundo. Recuperado de: goo.gl/ayH3dj  A fecha 25/08/2016.
  • Sánchez, M. (2004): Manual de trabajo social. Universidad Nacional Autónoma de México. Recuperado de:  goo.gl/PxoSnG  A fecha 25/08/2016.

Inmaculada Asensio Fernández

Sobre el bien hablar

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Imagen tomada de: https://goo.gl/Og5sWh

Este año pasado he centrado gran parte de mi tiempo e intereses en estudiar los entresijos de la Comunicación Social, a través del Master que sobre estas materias imparte la Universidad de Almería. La mayor parte de mis profesores provienen de la disciplina de la filología hispánica, lo que me ha permitido acercarme un poco más a la importancia de emplear adecuadamente el lenguaje, para que cumpla de la mejor manera su función, que no es otra que la de comunicar eficazmente un mensaje.

Comunicarnos bien es importante para desenvolvernos en la vida pública y privada, pues la lengua es el vehículo de nuestro saber, de nuestros sentimientos, de nuestras habilidades y capacidades…, aunque –como es lógico- hay otras maneras de comunicarnos, y no todas se circunscriben al uso de la lengua. Sin embargo, hoy quiero centrarme en aquellos aspectos que favorecen la comunicación entre hablantes, o como diría el profesor Luis Cortés Rodríguez, Catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería, los llamados principios del bien hablar: corrección, claridad, adecuación y eficacia. Como suele decir el citado profesor, nosotros sabemos que el hablar mal o el hablar bien depende de esos cuatro principios, y no del acento, como suelen pensar algunas personas al referirse a quiénes hablamos con entonación o musicalidad andaluza. Por tanto, hablar bien no es cosa de acentuación, sino de riqueza y adecuación léxica, de la forma de conectar actos discursivos (hablamos mediante palabras y estas se unen y forman actos discursivos), de la manera de manejar las pausas y silencios, etc.

Veamos esos cuatro principios del bien hablar:

Principio de CORRECCIÓN. Hablar bien es ser correcto con el uso de las normas gramaticales, así como presentar una adecuada corrección fonética… una persona puede hablar bien, pero si dice “me se” cayó el lápiz, ya está atentando contra este importante principio.

Principio de CLARIDAD. Al hablar tenemos que ser claros, y somos claros cuando ordenamos nuestras ideas y cuando somos coherentes a la hora de expresarlas, procesando bien los actos discursivos, y empleando los conectores adecuados entre unos y otros, con porque, aunque, así que, además, etc.

Principio de ADECUACIÓN. Cada momento tiene su lengua. Esto quiere decir que tenemos que ser habilidosos para saber elegir el registro más adecuado al momento en el que nos encontremos, de manera que o bien optemos por uno más coloquial u otro más formal, pues cada uno tiene sus propios rasgos y mecanismos, y es importante diferenciarlos y emplearlos según el contexto y la situación.

Principio de EFICACIA. Ser eficaz es usar la lengua de manera que con ella digamos lo que realmente queremos decir. Para ello seleccionaremos aquellos mecanismos y formas que nos permitan ser corteses, irónicos, convincentes, o cualquier otra característica… cuando lo deseemos.

Lo dejamos aquí, mediante estas cuatro pinceladas sobre el bien hablar que se pueden ampliar con la lectura del libro: “El español que hablamos: malos usos y buenas soluciones”, del profesor Luis Cortés Rodríguez. Universidad de Almería. 2013.

LIBRO LUIS EL ESPAÑOL

Autora: Inmaculada Asensio Fernández.

Historia reciente de los Servicios Sociales en Almería: la experiencia de Concha Márquez

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Inmaculada Asensio y Concha Márquez en un momento de la entrevista.

Concha Márquez es toda una ´institución´ en cuanto a servicios sociales se refiere en la ciudad de Almería. Formada en asistencia social en las primeras promociones españolas, y con una trayectoria laboral de casi 40 años. Hoy día ostenta el cargo de Directora del Centro de Servicios Sociales de Nueva Andalucía (Ayuntamiento de Almería).

 

Un desayuno da para mucho, sobre todo cuando la persona con la que se comparte conversación es una mujer con tanta experiencia y ganas de compartir. Tras pedirnos un café y media tostada, comienzan las preguntas, que diligentemente va contestando nuestra amiga Concha.

La primera pregunta a Concha es sobre qué la llevó a estudiar trabajo social –bueno, ´asistencia social´ se llamaba en aquella época.

Avanzaba el año 1973 y Concha estudiaba en un Colegio Menor en el que una de las catequistas que les daba clase en C.O.U era ´asistente social´; a ella le llamaba la atención el trato que esta profesora dispensaba a las alumnas. Tenía largos ratos de charla con las adolescentes, y para ellas era un gran apoyo. Esa faceta de reforzar a las personas, de  dar –como le parecía a Concha- tenía que ser algo bueno.

En ese mismo año 1973 solicitó plaza en la Escuela de Asistencia Social de Alicante y la llamaron para hacer una prueba, que finalmente superó y fue admitida. En 1974 comenzó sus estudios y los finalizó tres años después: en 1977.

En esos años, el panorama laboral estaba en torno a las Escuelas de Asistencia Social. La única manera de que hubiera profesionales con una cierta categoría, era que el Plan de Estudios fuera determinante, y en este sentido –destaca Concha- se emplearon a fondo, tanto ella como otras personas que también se involucraron en este proyecto. De hecho contaron con la inestimable ayuda de Ezequiel Ander Egg, quién casualmente se encontraba en España y, dado que había tenido un accidente y requería de una intervención quirúrgica, comenzó a trabajar en la Escuela de Asistencia Social, y esto generó que la plantilla de profesorado se extendiera a profesionales de América Latina, lo que enriquece aún más los procesos de formación.

Tras la finalización de sus estudios regresa a Almería, y se encuentra con la realidad de la asistencia social de aquellos años en esta ciudad: “todo está por hacer”. Esto es bueno y malo a la vez: bueno porque es un momento dispuesto para la creación, y malo porque hay que hacer lo posible por buscarse un hueco en el mundo laboral. El panorama de asistentes sociales que había en Almería en ese año 1977 es el siguiente: 2 asistentes sociales en el manicomio, 2 asistentes sociales en el Hospital Provincial, 2 asistentes sociales en el Instituto Nacional de Servicios Sociales, 2 asistentes sociales en las mutualidades laborales, 2 asistentes sociales en el Hogar Provincial Virgen del Pilar, 1 asistente social en la casa del mar, 1 asistente social en el gobierno civil (hoy la Subdelegación del Gobierno) y 1 asistente social en la ONCE: en total 13 asistentes sociales, y sin perspectivas de encontrar un primer empleo a la vista.

Concha comienza sus primeros pasos laborales como otras muchas personas que recién terminan sus estudios (como por ejemplo una servidora) en trabajos relacionados con el mundo de la hostelería.  En el caso de Concha trabajaba por las mañanas, y las tardes las tenía libres, de manera que decidió buscar una ocupación más social para las tardes, para ir abriendo camino respecto a la formación que había finalizado.

Concha y su hermana (hoy día también trabajadora social) se pusieron en contacto con un profesor de la Escuela de Magisterio que era párroco en la Iglesia de San Roque, del barrio de Pescadería, del que habían escuchado estaba muy involucrado con temas sociales. Él les comentó que había una zona en la Chanca, “la Calamina”, a la que acudían muchas personas del barrio que se encontraban en situación de necesidad; les habló de dos personas, un médico y un psicólogo, que estaban haciendo el servicio militar y que también realizaban labores de voluntariado en la Calamina. Ellos dos podían orientarlas para abrirse paso en estas actividades y así lo hicieron, de modo que comenzaron a realizar labores de voluntariado junto a  ellos en el citado barrio.

En Diciembre de ese mismo año 77 una persona afiliada a Comisiones Obreras contacta con Concha para pedirle que colabore en un proyecto para mejorar las condiciones de vida de las personas que trabajan en el sector de la pesca (ya que no tenían ni siquiera convenio laboral), pero además se enfrentaban a todo tipo de contingencias y situaciones personales que mermaban su calidad de vida: muertes, accidentes, enfermedad, pobreza, etc. Sin mediar ningún tipo de retribución económica, Concha acepta comenzar a trabajar en el sector de la pesca con el objetivo de aprender e ir acumulando experiencias prácticas de trabajo en la asistencia social. Tal como se dijo antes: todo estaba por hacerse, y su actitud era de total apertura hasta que le llegara su oportunidad.

El primer salario de Concha surge en Febrero de 1978, fecha en la que comienza a trabajar en una asesoría laboral. Aunque era un trabajo completamente nuevo para ella, decide aceptarlo y darse la oportunidad de aprender y mejorar la calidad de vida de las personas trabajadoras, con sus aportaciones y su visión como asistente social -que se denominaba en aquellos años.  Dice Concha que aprendió mucho de su contacto con los sindicatos, de hecho del sindicalismo destaca tres cosas muy importantes: aprendió a  manejarse en el trato con las personas, aprendió lo que son las grandes reuniones y el trabajo en equipo; y por último y no menos importante, aprendió lo que son los derechos.

Concha recuerda que en estos años la labor de ayuda a las personas necesitadas en enmarcaba en labores de beneficencia, pues no había ni servicios sociales (al menos no así denominados y entendidos como derechos de las personas) ni había una asistencia social definida y con trayectoria en Almería.

Los primeros Ayuntamientos democráticos comienzan a funcionar en el año 1979, y al año y medio se convocan dos plazas de asistencia social. De este modo, en 1981 Concha comienza a trabajar en el Ayuntamiento de Almería, con la perspectiva de crear un contenido de puesto de trabajo en el que no hay ningún precedente. Como dato ilustrativo del nivel de calidad de vida de algunas personas en la  ciudad de Almería de la época, Concha nos habla de un Plan de Sanidad con el que comienza a trabajar, el Plan Provincial de Asistencia a la Lepra, dirigido a erradicar la lepra la ciudad. Es curioso escuchar hablar de lepra en estos años de la historia reciente, pero así es.

Concha y su compañera de trabajo se encontraron con el reto de crear las primeras líneas de actuación en el Ayuntamiento, que se centraron en:

1º Crear un servicio de atención social municipal digno –lo que hoy conocemos como SIVO (Servicio de Información, Valoración y Orientación).

2º Tomaron todos los sectores o colectivos en los que se daban situaciones de necesidad y/o problemas sociales, como por ejemplo mujer, discapacidad, drogodependencias, infancia, consumo, tercera edad, etc. A diario leían el BOE y allá donde aparecía una subvención del tipo que fuera, ahí estaban ellas elaborando proyectos para mejorar la calidad de vida de todos estos colectivos. De todos esos proyectos, algunos pudieron materializarse, pues se aprobaron, y que han sido el germen de algunos servicios que hoy conocemos, como por ejemplo la ayuda a domicilio. Surgió como un proyecto, y ya está instaurado como parte vertebral de los servicios sociales. Pues así se comenzó con el resto de colectivos, a sentar las bases de los servicios sociales que hoy conocemos.

Progresivamente, se fue ampliando la plantilla de profesionales destinados a labores sociales en el Ayuntamiento de Almería, de manera que el 1986 había en plantilla un psicólogo, cuatro trabajadores sociales, y siete educadores. En aquellos momentos el Ayuntamiento de Almería estaba preocupado por tres aspectos: (1) Las personas que al no tener trabajo no pagaban la seguridad social y quedaban al descubierto de asistencia médica y farmacéutica; para ellos el Ayuntamiento tenía un censo benéfico para ser objeto de asistencia de médico- farmacéutica. (2) El denominado ´Socorro de Alcaldía´, que era una partida económica municipal que se solicitaba directamente al Alcalde. Recuerda Concha las largas colas que se formaban en la puerta del Alcalde, y en este sentido este tipo de ´socorro´ pasa directamente a ser gestionado por las asistentes sociales, en base a criterios objetivos y diseñados por ellas mismas para mejorar la calidad de vida de las personas. (3) En tercer lugar, otro caballo de batalla era el Albergue Municipal de transeúntes. En este Centro se encontraban personas y poblaciones de todo tipo, sin orden ni concierto, de manera que se vio la necesidad de establecer unos criterios para organizar a las personas beneficiarias, y poder realizar una labor de reinserción más integral y adecuada.

En 1988 se aprueba la Ley Andaluza de Servicios Sociales, y esto marca un cambio importante en la el devenir de los servicios, que se estructuran en comunitarios y en especializados, de manera que –en palabras de la propia Concha- vino a ponerle nombre y a estructurar lo que ya existía. Se crearon diferentes mesas de trabajo para avanzar en diferentes materias sociales, y se produjo un importante avance en la evolución de los servicios sociales y de los derechos de las personas.

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Concha Márquez y un compañero Educador Social  en el Ayto. de Almería (1990).

Paralelamente, se cambia la denominación de la profesión de asistencia social por trabajo social, pero Concha no observa en este cambio una repercusión para la profesión, en lo que a efectos prácticos se refiere.

Se le pregunta a Concha por las diferencias más significativas entre el antes y el después (el ahora) de los servicios sociales en Almería, y a este respecto señala que lógicamente hay diferencias, pero la esencia del cometido como técnicos de lo social sigue siendo la misma: ¨ser buscadores de causas y proponentes de soluciones¨.

Concha destaca que se ha ganado en oficialidad, pero se ha perdido en espontaneidad. Esto se traduce en que ya no se hacen tantas cosas innovadoras como antes, en la génesis de la historia de los servicios sociales. De algún modo se puede decir que estamos atrapados en la burocracia, en la estructura, y nos sentimos cautivos de la maquinaria que hemos creado. Hay un cierto talante acomodaticio en los profesionales, derivado tanto del sistema como de las exigencias que plantea la vida diaria, y esto también es una realidad con la que nos estamos enfrentando, un muro invisible.

Concha nos advierte del riesgo de que los servicios sociales municipales queden relegados al funcionamiento de una gestoría. En este sentido nos recuerda que hay una parte de papeleo inevitable, pero que no puede ser la razón del trabajo y de la relación con estas personas que, movidas por condicionantes personales, atraviesan problemas sociales que hay que prevenir y atajar, cosa que no tiene demasiado claro que esté pasando. A veces parece más importante el trámite administrativo que mirar a la persona en toda su dimensión y capacidades, y esto es un riesgo y un error.

El futuro de los servicios sociales no está claro. Aún estamos viviendo las consecuencias de una importante crisis económica que ha mermado mucho las condiciones de vida de las personas. Concha advierte que hay grandes debilidades, entre las que destaca la falta de cuestionamiento respecto al funcionamiento de las familias y de las personas, el análisis del entorno, teniendo en cuenta a las personas que lo integran, esa parte de la vida que afecta en lo social y que aboca a padecer problemas repetitivos que pasan de generación en generación; considera que se ha de profundizar en qué está pasando con este sistema productivo y socio- económico que está relegando a las personas a un lugar invisible donde sólo lo visualizan las estadísticas ¿Qué lugar vamos a ocupar en una década?

La política es un asunto de todos, no el privilegio de unos pocos. Lo que no podemos ser los ciudadanos es ´sufridores de la política´, sino protagonistas. Con el voto decidimos, y es importante ejercerlo, pues no estamos al margen de la política. Todo lo contrario: la política ha de ser activa y de todos.

Gracias Concha, por tu apertura y disponibilidad para resumir tan brevemente la historia reciente de los servicios sociales en Almería.

Autora: Inmaculada Asensio Fernández.

Aplicaciones de la mediación familiar a los conflictos derivados de la atención a situaciones de dependencia

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Por Inmaculada Asensio Fernández y Francisco Góngora Gómez

Publicado en Revista de Mediación.  Volumen 9 Nº 1

Resumen:

A lo largo de este artículo se presentan los profundos cambios sociales que se han producido en las últimas décadas y que están afectando a la gestión familiar de los cuidados a las personas en situación de dependencia. Esta circunstancia está provocando importantes conflictos y desavenencias en las redes naturales de apoyo, necesarias para la normalización de los cauces de ayuda fundados en los vínculos de afecto que caracterizan a las sociedades. Se exponen, así mismo, los beneficios de la mediación a través de la ejemplificación de situaciones de conflicto habituales relacionadas con el ámbito de la dependencia, poniendo especial hincapié en las herramientas y técnicas que la persona mediadora ha de emplear para la resolución pacífica de las mismas.

Palabras clave: Dependencia, mediación familiar, conflictos, familia, ética.

Si quieres leer el artículo completo pincha este enlace directo al artículo en la revista: https://revistademediacion.com/articulos/aplicaciones-la-mediacion-familiar-los-conflictos-derivados-la-atencion-situaciones-dependencia/

¿Siempre son las cosas como se piensan…?

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Imagen de Inmaculada, por Erika Asensio

Son muchas las veces en las que me he sentido animada a compartir cómo entré a trabajar en la Administración de la Junta de Andalucía, porque por suerte o por desgracia somos muchos los que hemos sufrido la etiqueta de “enchufados de la Junta”, por no ser funcionarios ni interinos, sino que accedimos a nuestro puesto a través de un proceso de selección llevado a cabo por una  Empresa de Trabajo Temporal (ETT).

Quiero dejar claro, para comenzar, que jamás he recibido el favor de persona, empresa o cosa para formar parte de ningún equipo o proyecto de trabajo. Mi madre ha sido cocinera y mi padre se ha dedicado al sector de la construcción, hasta que aprobó unas oposiciones para trabajar como policía local en el Ayuntamiento de Almería, profesión que ha ejercido durante más de 20 años. Ellos me proporcionaron una formación académica adecuada a mi vocación e intereses, sin embargo su brazo nunca ha sido tan largo como para darme acceso a ningún tipo de trabajo público, ni tampoco privado.

Terminé mis estudios de Trabajo Social en el año 2001, en Inglaterra. A mi regreso a España los únicos trabajos que encontré eran de niñera, comercial en empresas de telefonía o en la hostelería. Mi primer trabajo cualificado como trabajadora social surgió en 2003, en la Asociación de Esclerosis Múltiple de Almería, y desde ese momento hasta hoy no he parado de trabajar.

En Junio de 2007 aprobé una bolsa de empleo público de la Diputación Provincial de Almería. Ese mismo mes comienzo a trabajar en la localidad de Huércal de Almería, en los Servicios Sociales Comunitarios, dejando atrás 4 años de experiencia profesional en la Asociación de Personas con Discapacidad “El Saliente CEE”, en la que trabajé como Responsable de Calidad y posteriormente como Gerente.

Durante todo ese año 2007 fui alternando pequeños contratos de trabajo con el desempleo, de manera que no permanecía más de 20 días en el “paro”, pero a la vez tenía frecuentes cambios de destino por toda la provincia de Almería.

En Enero de 2008 vi una oferta de empleo en www.infojobs.net que cambiaría el rumbo de mi carrera profesional:

“la Fundación Andaluza de Servicios Sociales buscaba trabajadores sociales para llevar a cabo un proyecto consistente en la puesta en marcha de la Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía y Atención a la Dependencia en Andalucía”.

Había muchas personas inscritas, pues las ofertas de trabajo relacionadas con trabajo social eran escasas, de manera que sin ninguna esperanza presenté mi candidatura. Para mi sorpresa, días después de inscribirme recibo un email de infojobs en el que me informan que estoy convocada  al  proceso de selección citado, el cual iba a ser llevado a cabo por una empresa de trabajo temporal (ETT) sita en la localidad de Roquetas de Mar: EULEN. El día de la fecha y hora señalados, me dirigí a la ETT para la entrevista, y para mi sorpresa -en lugar de ser entrevistada personalmente, me invitaron a tomar asiento alrededor de una gran mesa ovalada, junto a otras personas, todas trabajadoras sociales y expectantes ante el desconcierto de la entrevista.

Una chica muy amable y elegantemente ataviada – más tarde me enteré que era psicóloga- apareció para decirnos que nos iban a pasar una prueba escrita consistente en una serie de preguntas cortas sobre temas relacionados con el trabajo social y con el objeto de la convocatoria. Una vez hecha esta prueba, nos administraron un test psicotécnico, un tanto pesado, consistente en pruebas de agilidad mental e inteligencia práctica, y una vez terminado el test nos hicieron pasar por una última prueba basada en organizar y ordenar la documentación de un hipotético expediente.

Este día marché a casa un tanto extrañada y confusa, pues no había preparado mi entrevista para las pruebas planteadas. Sin embargo al día siguiente me llamaron por teléfono y me dijeron que había superado la primera fase del proceso de selección y me dieron cita para –esta vez sí- la realización de una entrevista personal.

Acudí a la ETT el día acordado para realizar la entrevista, y en el desarrollo de la misma mostré a la psicóloga entrevistadora mis preocupaciones respecto a si entrar a trabajar en la Fundación Andaluza de Servicios Sociales o no hacerlo, por varios motivos:

  • Primero, porque en Diputación me llamaban con mucha frecuencia y el sueldo era muy bueno, y me apenaba rechazar las ofertas de empleo de esta administración local.
  • Segundo, porque había solicitado una beca con la Fundación Carolina para irme a Costa Rica durante 3 meses, para llevar a cabo un proyecto de investigación en la Facultad de Trabajo Social de San José, y no quería renunciar a la posibilidad de realizar este sueño.
  • Tercero, porque el contrato era sólo para 6 meses y luego igualmente iría al paro, de manera que para qué ingresar a trabajar aquí en lugar de esperar a un nuevo contrato de Diputación.

La psicóloga que me hizo la entrevista me dijo que estaba dentro del perfil de personas que la Fundación Andaluza estaba buscando, y me aconsejó no rechazar un trabajo como ese en un momento de crisis económica incipiente (2008), de manera que tras pensarlo decidí aceptar el puesto de trabajo.

Mi primer día de trabajo en la Fundación Andaluza de Servicios Sociales me explicaron que mi ubicación diaria sería en la calle de las Tiendas en Almería, en la sede de la Delegación Provincial de Igualdad y Bienestar Social (pues así se llamaba en ese momento), de manera que este se convirtió en mi lugar habitual de trabajo.

El día que llegué a la calle de las Tiendas ya había otros trabajadores sociales trabajando para poner en marcha la denominada ´ley de dependencia´, y habían entrado con las mismas condiciones que yo; pero también había personas trabajando a tal efecto con un contrato de interinidad, de manera que unos y otros compartimos unos primeros intensos años de trabajo y fantásticas relaciones personales.

Pasa el tiempo y nuestro contrato se va prorrogando… y al par de años comienzan a surgir una serie de quejas y reivindicaciones por parte del personal interino y funcionario por la contratación irregular de personas en la Junta de Andalucía, y a partir de este momento el clima se comienza a enrarecer y comienzan a surgir divisiones entre el personal funcionario, los interinos y las personas contratadas por obra y servicio –como era mi caso. A las personas contratadas por obra y servicio se nos tacha de enchufados y enchufadas, y se reivindica el despido de todas las personas contratadas de este modo.

De alguna manera mi corazón y mi razón se dividen a la par: por un lado entiendo cierta parte de las reivindicaciones de algunos compañeros, en el sentido de que pugnan por un proceso de selección uniforme y objetivo, que como es lógico es lo esperable de una administración pública; pero por otro lado a todas las personas contratadas nos meten en el saco de los enchufados de la Junta, y hay personas que llevan a tal extremo sus reivindicaciones que comienzan a realizar descalificaciones y desprecios a las personas contratadas por este cauce. No fue fácil soportar pitadas a las 12 del medio día en la puerta del lugar de trabajo solicitando el despido de las personas que habíamos sido contratadas (incluso a veces por algunos de los propios compañeros), sin embargo también era un derecho por parte de los mismos el reclamar y exigir lo que para ellos era inadmisible: contratar a personas obviando los cauces establecidos para ello.

Los años han pasado y las cosas se han ido calmando, sin embargo todo el mundo sabe quiénes son los enchufados de la Junta de Andalucía, y muy a mi pesar yo estoy en el saco. De este modo, cuando alguien hace mención a los enchufados de la Junta en un grupo o reunión, yo me doy por aludida, pues esa es la etiqueta que nos pusieron y que viaja con nosotros. De hecho, hace poco me ocurrió: estaba desayunando con un grupo de profesionales a los que no conocía, y comenzaron a quejarse de los enchufados de la Junta. En ese desayuno había una persona que me conocía, y que sabía que yo era contratada, y le dijo a la otra mujer:»Inma también es contratada en la Junta, no funcionaria», y esta mujer suavizó un poco el tono de sus comentarios y ya no dijo nada más. Esto me llevó a darle vueltas a la cabeza para contar mi historia respecto a este tema, en un acto de búsqueda de cierta legitimidad: yo no soy una enchufada, lo digo alto y claro.

Ahora la Fundación Andaluza de Servicios Sociales ha desaparecido, y en su lugar nos encontramos contratados por la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia de Andalucía. Puedo decir que tras 8 años y pico de trabajo, por fin en Noviembre del año 2015 he firmado mi contrato como indefinida “no fija” de la citada Agencia, y continuo desarrollando mi labor como trabajadora social, creciendo como profesional y como persona, y rodeada de personas también maravillosas. Pues lo cierto que tras los conflictos estamos las personas, y esto es lo más importante.

Hoy día la situación de todos los trabajadores de esta Agencia está bastante normalizada y pacífica, creo que todos hemos sabido rescatar esto, al menos los que nos conocemos, apreciamos y tratamos a diario. Sin embargo, muchas han sido las veces que me ha apetecido dar a conocer mi experiencia, pues una misma realidad ha de ser contemplada desde diferentes puntos de vista. Cuando esto se hace, el objeto observado cambia y se despiertan muchas comprensiones.

Autora: Inmaculada Asensio Fernández

Acto de Clausura del Máster de Comunicación Social de la Universidad de Almería (promoción 2016)

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Fotografía tomada por Erika Asensio

Las personas que me conocen bien saben que suelo dedicar gran parte de mi tiempo -aunque no en exclusiva- a mi profesión, lo cual no es óbice para que disfrute de la vida, de mi familia y amistades, cada vez que encuentro ocasión. Este año decidí ampliar mi formación académica a través de la realización de un máster de comunicación social. No ha sido un año fácil, pues compatibilizar trabajo con estudios de postgrado no es tema baladí, aunque también reconozco que me he sentido muy motivada y he tenido profesores que me han transmitido conocimientos y valores muy importantes.

El día 9 de Junio de 2016 se ha celebrado la puesta de bandas de los alumnos del Master de Comunicación Social de la Universidad de Almería, y mis compañeros me pidieron que representara al alumnado a través de un pequeño discurso a pronunciar durante el acto, dado que los alumnos son los primeros que toman la palabra, fundamentalmente para agradecer lo que se llevan tras la formación recibida.

He aquí el discurso, con todo mi cariño:

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Imagen tomada por Erika Asensio

Sr. Decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Almería,
Profesores,
Compañeros,
Familiares y amigos,
Señoras y señores:

Buenas tardes,

Mi nombre es Inmaculada Asensio y hoy me encuentro aquí en representación de todos mis compañeros de la edición del Master de Comunicación Social del curso académico 2015-2016.

Para mí es un honor dedicar unas palabras de agradecimiento a todo el profesorado que nos ha acompañado durante este año y nos ha ayudado a mejorar nuestras capacidades en el terreno de la comunicación.

El curso de este año ha sido bastante heterogéneo, encontrando a alumnos con perfiles profesionales muy diferentes, desde maestros, periodistas, trabajadoras sociales (como es mi caso y el de dos compañeras más), filólogas, historiadoras del arte, etc, y sin embargo se ha producido un intercambio muy beneficiosos para todos, pues el debate ha sido algo muy presente en nuestro grupo.

Hoy nos hemos reunido aquí para celebrar que hemos dado por finalizado un curso en el que hemos trabajado y aprendido mucho. Pero no todo ha sido estudio, también hemos compartido risas y momentos de agobio, por el volumen de trabajos a realizar por cada asignatura… también hemos tomado alguna que otra cerveza y celebrado algún que otro cumpleaños.

Como en todo discurso que se precie, además de celebrar hemos de agradecer, -bueno, esto siempre, y en este caso nos toca agradecer a aquellos profesores que se han esforzado por transmitirnos sus conocimientos y experiencias, ayudándonos a asimilar contenidos nuevos y necesarios para nuestra carrera profesional.

Dado que son muchos los profesores con los que hemos contado, y que no quieremos que esto se convierta en la lectura de la lista de los reyes godos, voy a intentar ser breve en nuestros agradecimientos:

En primer lugar agradecemos a Rafael Quirosa, nuestro Director del Master y profesor de dos asignaturas, su disponibilidad y buen hacer, su capacidad de gestión y su paciencia con nosotros. Él nos ha transmitido como nadie la importancia de poner de relieve las voces vivas de la historia del tiempo presente, y  también ha resuelto eficazmente y con mucha cercanía todas las cuestiones que se han ido presentando a lo largo del curso.

A Antonio Becerra, le agradecemos su ayuda para aprender a usar convenientemente las tecnologías de la información y de la comunicación. Su asignatura tiene mucha relevancia para un máster de estas características, y son muchos los compañeros que habrían deseado extenderla durante meses.

A Javier Campos, le agradecemos que nos haya enseñado las enormes ventajas que ofrece el saber argumentar convenientemente, tanto para preparar un discurso, como para afrontar cualquier tipo de reto en nuestra vida profesional y –por qué no decirlo- personal.

María del Mar Nicolás, le agradecemos que nos haya acercado el arte y la fotografía a lo largo de la historia, y también su interés por acercarnos al manejo y uso de la biblioteca, aspecto éste que se suele dar por hecho, y que todos hemos agradecido mucho.

A Mónica Fernández Amador, le agradecemos que nos haya recordado el valor que tiene la tierra de Andalucía, y también nos haya hecho cuestionarnos la visión que de Andalucía y de los andaluces se tiene en el resto de España, fundamentalmente por la labor que ejercen los medios de comunicación.

A Luis Cortés Rodríguez, le damos las gracias por habernos acercado a los entresijos del análisis del discurso político, y en concreto a los debates del estado de la nación. Escuchar un discurso político no va a ser lo mismo tras estudiar esta asignatura.

A Juan Sebastián Fernández Prados, le agradecemos su ayuda para conocer y comprender cómo funcionan algunas redes sociales, así como nos ha introducido en el manejo de algunas herramientas para su  representación gráfica y su análisis.

A María del Mar Espejo y Alicia María Valverde les agradecemos que nos hayan enseñado a analizar el discurso publicitario, y a manejarnos mejor en el no fácil camino de la escritura, y más concretamente el ensayo.

A Rafael Pulido, le agradecemos la transmisión de conocimientos de la asignatura a través de sus propias experiencias personales y a través de relatos por él mismo creados, como por ejemplo el famoso personaje Piter Nemenyi. El concepto de cultura es ahora –si cabe- mucho más amplio para todos nosotros.

A Gloria Espinosa, le agradecemos su interés por el cine, y que nos haya estimulado a continuar profundizando en su historia, a través de todos los géneros cinematográficos.

A Antonio Torres, damos las gracias por abrirnos las puertas de Canal Sur Televisión; ha compartido con nosotros muchos detalles sobre la historia de la radio y la televisión, a través de su propio relato de vida, cargado de anécdotas personales.

A Antonio Miguel Bañón, le damos las gracias por habernos hecho tan accesible el conocimiento sobre comunicación y salud, sobre enfermedades raras y sobre análisis del discurso. Es una persona abierta, afable y sabia.

A Jesús Angel Baca le damos las gracias por introducirnos en los entresijos del estudio de la teoría de la comunicación, en el marco teórico de referencia para un máster como el nuestro.

A Jose Manuel Ortega, por habernos acercado a la importancia de tomar conciencia sobre la sostenibilidad de nuestro planeta. Con cada decisión individual, por ejemplo a la hora de consumir, estamos generando sociedad, valores y cambio.

Y para finalizar, a los profesores Manuel López y Juan Luis López, les agradecemos que nos hayan mostrado el camino para preparar discursos y ejecutarlos en tiempo y forma. Lo que dicho en otras palabras sería valorar su apoyo para tejer esas invisibles alas que hoy, por ejemplo, me están sosteniendo a mí ante todos vosotros. Su trabajo ha sido limpio, comprometido y muy valioso para todos nosotros.

Esperamos no haber dejado a nadie en el camino, esté presente hoy en nuestra celebración o no, y así mismo haber sido justos -e incluso generosos- en nuestros agradecimientos.

Hablo en nombre de todos mis compañeros, y me dirijo también a los futuros alumnos de la Universidad que se van a beneficiar de este Máster: ¡habéis hecho un buen trabajo con nosotros!
GRACIAS.

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Imagen tomada por Erika Asensio. Junto a mi profesor de la asignatura Comunicación, Retórica y Oratoria: Manuel López – Muñoz, Catedrático de la Universidad de Almería.

Inmaculada Asensio Fernández

«¡Qué alegría vivir…!»

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Imagen tomada de: http://goo.gl/BScdMy

En esta vida hay espacio para todo, incluso para la belleza. La poesía esconde grandes secretos y revela pequeñas verdades. El escritor Pedro Salinas fue un gran virtuoso en el género literario de la poesía, y una de sus más famosas obras es La voz a ti debida, inspirada en su gran y prohibido amor Katherine R. Whitmore, estudiante norteamericana a la que conoció en el verano de 1932, y con la que mantuvo una relación secreta hasta 1947. Todas las cartas que se estuvieron enviando durante años son la prueba de su amor, y muchas de ellas se pueden consultar en la Houghton Library de la Universidad de Harvard, además han sido publicadas en  el libro de Pedro Salinas Cartas a Katherine Whitmore.

Esta semana ha llegado a mí este precioso poema, contenido en La voz a ti debida, y hoy me apetece compartirlo a través de mi blog. El amor es una fuerza capaz de transformarlo todo, y es lo único que nos vamos a llevar puesto el día que partamos de Íthaca. De esto no me cabe la menor duda… ¿convicción o fe?

"¡Qué alegría vivir...!", de Pedro Salinas

¡Qué alegría, vivir
sintiéndose vivido!
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías
-azogues, almas cortas-, aseguran
que estoy aquí, yo inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los hombres,
la verdad trasvisible es que camino
sin mis pasos, con otros,
allá lejos, y allí
estoy buscando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
La vida -¡qué transporte ya!-, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
En que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
De haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar, quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.

           (Pedro Salinas, La voz a ti debida)