Las personas adultas y mayores también sueñan

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Salud Pérez Colomé. Presidenta de la Federación Andaluza de Asociaciones de Aulas Universitarias de Mayores (FADAUM)

La sabiduría y experiencia de una mujer adulta- mayor realizada.

Hoy os quiero hablar de Salud Pérez Colomé, una mujer sabia e íntegra a la que admiro y a la cual aspiro a parecerme cuando sea adulta-mayor, como lo es ella a sus 68 años. Esta mujer es de las que renueva constantemente su contrato con la vida e impregna a los que tiene a su alrededor de un aire fresco y cargado de optimismo.

Salud ostenta el cargo de Presidenta de la Federación Andaluza de Asociaciones de Aulas Universitarias de Mayores (FADAUM). Hace muy poco coincidimos en un Congreso sobre Maltrato al Mayor que se celebró en la Universidad de Almería y, tras convivir los tres días que duró la experiencia, decidí entrevistarla para compartir un poco de su amable visión de la vida en mi blog.

Serían las cuatro de la tarde y nos encontrábamos conversando, saboreando una taza de café. En algún momento de la conversación Salud señala que «los adultos- mayores también sueñan»  ¿Qué querría decir Salud con esto de que los mayores también sueñan?

Todas las personas de todas las edades tienen un sueño común, que es ser importante para alguien. Y cada persona es importante para alguien en la medida en que se rodea de personas que le demuestran que la quieren. Pero para eso también hay que estar abierto, es decir, hay que amar.  Y ¿de qué manera podemos conseguir sentirnos importantes? La respuesta es sencilla: con grandes dosis de generosidad, así como compartiendo con los demás aquellas experiencias por las que vamos atravesando, de forma que puedan quedarse con aquello que les sirva y les impulse en su camino de vida.

“Tu libertad es sagrada y has de aprender a respetarla” –asegura Salud.

Lo que de tu vida diaria no te vale o no te aporta lo suficiente: ¡apártalo! Sobre todo no tengas demasiado en cuenta lo que opinen o puedan pensar los demás sobre tu manera de entender la vida. Tu vida es tu sueño y tienes que realizarlo hasta el final. A este respecto, Salud ofrece diferentes puntos de vista acerca de lo que asegura una buena plenitud de vida a una persona adulta-mayor. Lo primero es tener autonomía económica suficiente para asegurarse una buena calidad de vida durante esta etapa. Qué menos que te premie la vida, cuando seas mayor, con sentirte libre e independiente. Por lo menos que en el tiempo que te quede puedas hacer lo que te dé la gana. Hay que tener en cuenta que un adulto- mayor ha trabajado durante toda su vida, y cuando llega a esta nueva etapa lo que necesita es descansar y realizar todos aquellos sueños que no pudo realizar antes.

Salud conoce el caso de una pareja de personas mayores, amigas de ella y a las que cariñosamente llama “Los amantes de Teruel”. Sobre ellos señala que a pesar de estar enamorados, no pueden vivir su amor con plenitud, porque los respectivos hijos no están conformes con ello; por este motivo llevan su historia de amor de manera clandestina y con sufrimiento ¿Hay derecho a esto? Los hijos deben dejar a los padres vivir en paz, respetarlos.

“La crianza de los hijos es responsabilidad de los padres, no de los abuelos”, asevera Salud. Los abuelos no tenemos por qué hacernos cargo de la crianza de los nietos. Es bonito y enriquecedor tener a tus hijos y a tus nietos cerca, pero también es importante diferenciarse un poquito, pues de algún modo somos individuos. Una cosa es dedicar un tiempo de calidad a tus nietos, jugar con ellos y compartir experiencias, y otra cosa muy distinta es asumir la responsabilidad de su cuidado.  A nivel anecdótico, Salud compartió durante la entrevista una experiencia que vivió con su propio hijo. Al jubilarse ella, su hijo optó por pedirle que se dedicara a apoyar en las labores de crianza de sus nietos, en el horario de trabajo de él y de su esposa; sin embargo Salud tuvo muy claro que ella no iba a asumir esa responsabilidad, dado que quiere vivir dedicada a sus inquietudes, sin más responsabilidades que las que la propia vida le vaya encomendando, sin asumir roles que no le corresponden. Ella ha sabido encontrar la manera de establecer los límites oportunos entre las necesidades familiares de sus hijos y sus propias necesidades de autodeterminación y libertad de decisión, y el resultado ha sido mejorar en suma la relación con todos los miembros de su familia y sentirse ella más satisfecha.

“Yo he trabajado durante 43 años y ahora no sé el tiempo que voy a vivir, pero si es un `telediario´ lo quiero disfrutar” – Con estas palabras Salud contestó a su hijo acerca de su demanda de cuidado a sus nietos, a los que adora.

“Ser adulto mayor es vivir como tú deseas, con total independencia, sin molestar a nadie y haciendo lo que te gusta”. Salud nos recuerda que no hay que tener miedo a decir «no», nunca. No debemos sentirnos coaccionados de ninguna manera. Nuestra vida es nuestra y nosotros somos los protagonistas.

“Cada etapa tiene su momento de gloria”, afirma claramente. Hay algo importante que se les escapa a las personas jóvenes hoy día, y es su creciente interés por las cosas materiales. Esto sucede porque a los jóvenes se les ha querido dar todo lo que los mayores no han tenido, haciéndoles valorar en exceso lo material, con el riesgo de no aprender a vivir con aceptación cada cambio que la vida pone en nuestro camino.

Comenta Salud que se realizó una prueba científica muy curiosa para que los jóvenes pudieran ponerse en la piel de aquellas personas mayores que tienen dificultades físicas. Mediante esta prueba a una persona joven le fueron poniendo todos los elementos que tenía una persona mayor cuando iba perdiendo facultades físicas: se le pusieron unas gafas ahumadas, y no veía bien, se le pusieron unas pesas en las rodillas y no andaba derecho, etc. De este modo los participantes pudieron comprobar los efectos del paso del tiempo en muchas personas mayores, y de este modo tomar conciencia de las necesidades que puede tener este colectivo, y de paso aprender a valorar su propia salud y juventud.

“La vida es una llama que hay que aprovechar mientras está encendida” –dice Salud, y con esta frase se le iluminan los ojos. Aunque determinadas limitaciones físicas pueden ir surgiendo con el paso de los años, también es cierto que tampoco se tiene necesidad de subir las escaleras corriendo para llegar los primeros. Lo que caracteriza a la edad adulta-mayor es justamente la serenidad y la quietud. Todo se vive de forma natural.

En la vida lo importante es como cada persona vaya encajando todas esas historias, y no hay más. Hay que aceptar los cambios, y nuestro físico no es ajeno a esta realidad, pues también cambia. Esto para algunas personas no es fácil de asumir y puede ser duro. Muchas personas que de jóvenes se han sentido atractivas y bellas, y un buen día descubren que ya no despiertan toda esa admiración de juventud, sintiéndose invisibles para otras personas, lo suelen encajar de manera difícil. Salud relata que en su caso fue una bendición poder caminar tranquilamente por la calle sin tener que soportar comentarios -a veces soeces- sobre algún aspecto de su cuerpo.

“Una cosa es aceptar el paso del tiempo, y la otra es abandonarse” –señala con rotundidad. Salud lo tiene claro: es importante arreglarse y verse guapa o guapo. Las personas no nos arreglamos para los demás, nos arreglamos para nosotras mismas, de ahí radica su importancia y su relación con nuestra autoestima. Ir al gimnasio, alimentarse bien, cuidarse, en definitiva, porque eso nos provoca bienestar.

“Las mariposas en el estómago se pueden sentir en cualquier momento de la vida” –asegura entre risas.Hay una serie de creencias generalizadas respecto a la vejez, y una de ellas es que las personas mayores no sienten pasión o deseo. Salud desmiente por completo este tipo de afirmaciones. Al preguntarle cuándo fue la última vez que ella misma sintió mariposas en el estómago, muestra una amplia y agradecida sonrisa y señala: hace muy poco (vuelve a reír a carcajadas). Cada persona tiene su propio modo de vivir los sentimientos y las emociones, de experimentar. Sin embargo el deseo no se pierde nunca y el impulso sexual tampoco, aunque se viva de otra manera. Además, es maravilloso disfrutar del sexo cuando no se tiene ninguna historia.

Vejez y felicidad pueden caminar juntas de la mano, sólo depende de lo positivo que seas. La actitud lo es todo, y sobre todo la autoestima. Recordad que la felicidad no viaja en yate. Se puede ser totalmente feliz desplazándose en bicicleta y sintiendo el aire en la cara, sin más.

¡Ojo con los asuntos inconclusos!

La vida se va renovando constantemente. Es lo maravilloso que tiene. Se puede decir que es una sucesión de eslabones que dan lugar a una larga cadena… estás soltera y quieres tener pareja; tienes pareja y quieres formar una familia; formas una familia y quieres ver a tus hijos crecer, y así sucesivamente, cada uno siguiendo su proyecto de vida. Unos eslabones se van perdiendo y otros se van incorporando.

Hay cadenas livianas y otras que pesan y se arrastran, por asuntos que no hemos cerrado. Hay que quitarse todo eso de encima como sea. La vida se va y esa es la única certeza con la que contamos.

Se puede vivir esta nueva etapa de la vida con plenitud y felicidad. Todo es una cuestión personal y se pueden desarrollar habilidades para ello, pues las habilidades se aprenden. Y la manera de hacerlo es pararse a pensar en lo que se quiere y se desea.

Si por ejemplo te gusta pintar: ¡Hazlo!

Si te gusta cantar y siempre quisiste hacerlo: ¿A qué esperas?

¿Cuantas cosas te gustaría hacer y las vas posponiendo?

Recuerda que no te quedarás aquí para siempre. La vida es finita y eso es lo más maravilloso que tiene, que sabemos que se acaba. Es un bien preciado.

Para finalizar, Salud nos da un último consejo: «No intenten cambiar a nadie. Hay que aceptar a las personas tal como son. Si te gusta más, te relacionas más. Si te gusta menos, te relacionas menos. Las personas no tienen porqué cambiar, todo lo contrario, con los años se reafirman».

***

«Te contaré un secreto, algo que no se enseña en tu templo: los dioses nos envidian. Nos envidian porque somos mortales, porque cada instante nuestro podría ser el último, todo es más hermoso porque hay un final. Nunca serás mas hermosa de lo que eres ahora, nunca volveremos a estar aquí…».

Brad Pitt (Troya)

Hoy renuevo mi contrato con el trabajo social

En el año 1996 me encontraba estudiando Derecho en la Universidad de Almería, con mi amigo Fran y mi amiga Isa. Los tres estábamos de algún modo probando qué hacer con nuestras vidas profesionales. Estuve en clase unos meses y, cuando el curso estaba llegando a su fin, me di cuenta de que el Derecho no era lo mío. Ni siquiera era capaz de generar una imagen de esta profesión en mi cabeza que me hiciera sentir bien. Sencillamente no era lo mío, con todos mis respetos hacia la abogacía.

En esa época yo tenía 18 años, y una tarde estando en casa de una buena amiga: María, la escuché hablar de su hermana mayor, Lita, que en ese momento se encontraba en Granada estudiando la diplomatura universitaria de trabajo social.

¿Trabajo social, eso qué es?

Nunca había escuchado nada acerca del trabajo social. María me comentó que su hermana me lo podría contar esa misma noche, pues nos íbamos a reunir a cenar y ella también estaría, ya que venía a pasar el fin de semana a Almería.

Esa noche me acerqué a Lita y tímidamente le pregunté que qué era eso del trabajo social. Ella me comentó -en pocas palabras- que era una profesión para ayudar a los demás, a las personas que más lo necesitan. Que esta carrera te preparaba para trabajar ante situaciones de maltrato e injusticia hacia las personas más vulnerables, y que a ella le gustaba un montón. Me dijo que el ambiente universitario de la Facultad de Trabajo Social era muy “enrrollao” y que seguro me gustaría mucho.

El sueño toma forma

Esa noche volví a casa con un sueño y una esperanza: que mi padre me dejara ir a Granada a estudiar Trabajo Social, pues esa carrera no estaba en Almería en el año 1997 y me atraía mucho más que la que me encontraba realizando. Me costó trabajo planteárselo a mi padre, pero finalmente una mañana que íbamos de camino a la universidad, se lo dije:

“Papa, quiero ser trabajadora social”

Mi padre no se mostró muy entusiasmado con mi elección, pues él prefería que su hija fuera abogada, sin  embargo respetó mi decisión y me permitió ir a estudiar a Granada, y así lo hice, con su apoyo.

Sin duda los años de estudiante fueron magníficos. Estar viviendo en Granada, en un piso de estudiantes con mis mejores amigos de Almería fue toda una experiencia. Todo era nuevo: las personas, las esquinas, las costumbres, etc. Fue un maravilloso “desandar lo andado“, lo aprendido en mi entorno más cercano. Tener la posibilidad de explorar nuevos caminos y posibilidades, así como de relacionarme con personas tan diversas, me permitieron crecer mucho, y mejorar mis habilidades sociales y personales.

Trabajadora social convencida

Hoy me han invitado a la clase de mi sobrino Juan Jose en el Colegio (tiene 10 años) para explicarle a los pequeños la importancia de ayudar a los demás, de solidarizarse con los que necesitan nuestra ayuda y promover la no violencia (todo eso en 30 intensos minutos). Lo he hecho encantada, y el resultado ha sido muy bueno, para ellos y para mí. Estaba ante un grupito de unos 30 niños-as hablando de mi trayectoria, de cómo decidí estudiar trabajo social y qué ha aportado a mi vida. Al terminar mi exposición y escuchar todas las preguntas que me fueron haciendo los peques, me dí cuenta de un importante detalle:

Hoy es el Día Internacional del Trabajo Social.

Como cada tercer martes de marzo, los trabajadores sociales, a nivel mundial, celebran el Día Mundial del Trabajo Social. En el año 2014, a propuesta de la Federación Internacional de Trabajadores Sociales (FITS), lo hacen bajo el lema “Crisis económicas y sociales: soluciones del Trabajo Social”.

Estoy contenta porque hoy he celebrado este día en compañía de mi sobrino  Juan José y sus compañeros de clase (ante una exigente audiencia de 30 niños-as de 10-11 años). Ha sido genial tomar conciencia nuevamente de que todas las razones o motivos que me llevaron a estudiar trabajo social, siguen hoy día latiendo en mi corazón.

Me siento contenta y orgullosa de decir: Soy Trabajadora Social.

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Inmaculada Asensio Fernández

Hay que poner voz a las personas dependientes que necesitan ayuda, tal como lo hace Eva Nasarre

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Eva Nasarre e Inmaculada Asensio, ambas trabajadoras sociales. XII Congreso Estatal de Trabajo Social celebrado en Marbella, en Noviembre de 2013.

Durante el XII Congreso Estatal de Trabajo Social celebrado en Marbella durante el mes de Noviembre de 2013, se realizaron diferentes actividades paralelas a las ponencias y comunicaciones previstas en programa. Había una zona denominada «Sube a la Plaza», en la que se congregaban diferentes profesionales para nutrir los talleres y actividades que se iban realizando.

Una mañana subí a la plaza y me encontré a un grupo de personas sentadas alrededor de una mujer –con pinta de interesante– que parecía estar compartiendo algo valioso.

Me acerqué y tomé asiento.

La miraba fijamente, su cara me era familiar. Tenía una expresión dulce, y a la vez contundente. Ella es portavoz, imagen y miembro de una plataforma de personas afectadas por los recortes en materia de dependencia y que, a pesar de tener graves dificultades para realizar las actividades más básicas, no disfrutan de recurso alguno que las ayude a paliar su situación. En aquella situación esta mujer compartía sus experiencias como persona en situación de dependencia, y su narrativa iba en la línea de denunciar la cantidad de casos que en la actualidad se encuentran a la espera de recibir alguna ayuda.

Esta mujer me llegó. No era sólo el contenido del mensaje, alejado de victimismos, y relatando la crudeza del día a día de muchas personas que no tienen la autonomía suficiente para valerse por sí mismas. Me llamó la atención cómo ensalzaba la DIGNIDAD de la persona por encima de todo, la manera de hilar los hechos que han provocado esta situación y cómo lo ha vivido ella en primera persona, motivo por el cual lo comparte desde esa humanidad y cercanía que toca a cualquier corazón.

La escuché con interés y emocionada, y al finalizar su intervención, más los turnos de preguntas, me acerqué, le di las gracias y un abrazo por su valentía y disposición para –en propias palabras suyas– poner voz a tanta injusticia y a tanto olvido por parte de los que nos gobiernan. Le comenté que su cara me era familiar, y me contestó que antes de padecer esta artritis reumatoide (diagnosticada en 1999) estuvo trabajando como entrenadora de gimnasia, conduciendo un espacio televisivo en las mañanas de Televisión Española, concretamente en la década de los 80.

Su nombre: Eva Nasarre. Su corazón: inmenso. Su lucha: digna de agradecimiento.

Eva nos invitaba a ponernos en la piel de los enfermos:

-«No somos números, ni estadísticas, ni beneficios. Yo no sé si vale más un aeropuerto que nuestra vida» – fue uno de sus mensajes.

Además de la reducción de las ayudas, denunciaba que los dependientes deben enfrentarse a otras modificaciones dentro de la sanidad, como son el copago y la eliminación de algunos medicamentos de la lista de la Seguridad Social.

-«Las personas dependientes no le interesan a nadie. La sanidad quiere recortar y dejarnos fuera en muchas situaciones, y si quieres hacerte un seguro de salud privado, al ser dependiente tampoco interesas a nadie».

Y directamente sentenciaba:

-«El sistema quiere que nos muramos, y cuanto antes mejor». El argumento para justificar todas las injusticias y precariedad que vivimos siempre es el mismo: hay crisis, no hay fondos, la ley de dependencia no es sostenible, está mal diseñada y no se puede hacer más.

La denominada Ley de Dependencia recibió el mayor estoque de su corta historia en Julio de 2012, al aprobarse una serie de medidas para «garantizar la estabilidad presupuestaria del país» (https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2012-9364) . El recorte económico fue tan drástico que se ha visto reducida la eficacia de esta ley, en su aplicación.

Como trabajadora social y como ciudadana, personalmente prefiero que salgamos de la crisis todos juntos, antes o después, a que salgan sólo unos pocos; que haya políticas sociales más solidarias y que la vida de cualquier persona esté por encima de todo lo demás.

Puestos a soñar, me gustaría que las personas pudiéramos confiar más en las estructuras políticas; que la corrupción fuera sólo una anécdota o caso aislado… que se pudiera perder cualquier cosa, excepto la esperanza. Considero que si todo el dinero y la riqueza que hay en España estuviera “en su sitio”, la crisis tendría otra cara, una más humana y más generadora de confianza entre las personas.

No tengo palabras para agradecer la exposición y esfuerzo de Eva Nasarre, pues puso voz y conciencia a la situación de muchas personas que no tienen la oportunidad ni los medios para expresar su malestar y sus necesidades.

Me sumo a tu denuncia Eva. Eres un ejemplo a seguir. Gracias.

Autora: Inmaculada Asensio Fernández. (Trabajadora social de la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia de la Junta de Andalucía).

Poesía reflexiva: Si tengo que elegir

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Si tengo que elegir ahora,

elijo que elija el tiempo… sin pasos apresurados.

Acepto las consecuencias de mis actos.

de lo que hoy soy y transmito a los demás.

 

Si tengo que elegir entre vivir al 50 o al 100%,

significa que hay algo que no estoy comprendiendo.

Sólo si no hay miedo puedo vivir al 100%,

y ese 100% es abrir una ventana al mundo, asomarse y respirar, sin más.

 

Si tengo que elegir entre irme o quedarme, me quedo.

Aunque la vida a veces pese, estoy aquí y es un regalo.

Me quedo con el propósito de dar las gracias cada día.

Con el propósito de seguir creciendo y de seguir caminando.

 

Si tengo que elegir entre tú o yo, me quedo conmigo.

Y quedarme conmigo es volver la vista hacia mí,

hacia lo que siento y necesito,

y respetarte a ti, en tus tiempos, espacios o incluso silencios.

 

Si tengo que elegir qué vida quiero, la quiero así, tal cual.

Con las experiencias dulces y las amargas.

Ambas me han ayudado a ser la persona que soy,

Llena de amor y de gratitud por poder elegir -de algún modo- la vida que quiero.

 

Autora: Inmaculada Asensio Fernández

No se defenderme

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La indefensión aprendida

Imagínate que tratas de escapar de una situación agresiva o muy dolorosa siendo tan sólo un niño o niña, y por más que lo intentas no lo consigues. Tratas de cambiar la realidad en la que te hayas inmerso (maltrato, abandono físico o psicológico, etc), pero sin éxito.

¿Afectará esto de algún modo a tu vida como ser adulto?

La respuesta «la tengo en la boca«: SI, y con mayúsculas. Casi con toda probabilidad desarrollarás un sentimiento de indefensión aprendida, que te tendrá atado de pies y manos a situaciones dolorosas y que no quieres vivir, pero paradójicamente sin hacer nada por cambiarlas

¡Y es que hasta a no defendernos podemos aprender!

Hay una teoría denominada «la teoría de la indefensión aprendida«, desarrollada por Seligman (1967) y aplicada con posterioridad por Walker.  Seligman realizó varios experimentos ya clásicos en Psicología.

EL EXPERIMENTO:

«Expuso a dos perros, encerrados en grandes jaulas, a descargas eléctricas ocasionales. Uno de los animales tenía la posibilidad de accionar una palanca con el hocico para detener esa descarga, mientras el otro animal no tenía medios para hacerlo. El tiempo de la descarga era igual para ambos, ya que la recibían en el mismo momento, y cuando el primer perro cortaba la electricidad, el otro también dejaba de recibirla.  En cualquier caso, el efecto psicológico en ambos animales era muy distinto; mientras el primero mostraba un comportamiento y un ánimo normal, el otro permanecía quieto, lastimoso y asustado, con lo que la importancia de la sensación de control en el estado de ánimo parecía demostrada. Incluso cuando la situación cambiaba para el segundo animal, y ya sí podía controlar las descargas, era incapaz de darse cuenta y seguía recibiendo descargas sin intentar nada para evitarlo. Se intentó entrenar a los animales para que saltaran de un compartimiento a otro y así evitar o escapar de las descargas. Pero el aprendizaje de estas nuevas conductas no se produjo, a pesar de que les hubiera permitido librarse de estos castigos».

COMO LO LLAMARON:

Los autores describieron esta situación como Indefensión Aprendida (learned helplessness): – en términos psicológicos- cuando los organismos son sometidos a situaciones de incontrolabilidad (donde no hay relación entre lo que hacen y lo que obtienen) éstos, posteriormente, mostrarán una serie de déficits en la adquisición de respuestas exitosas, así como conductas características de depresión.

– Hablando en «manchego» (por decirlo de algún modo), que si hagas lo que hagas te llevas hostias. empieza a no tener sentido intentar hacer nada nuevo.

La familia suele ser la mayor fuente generadora de AMOR y estabilidad para la persona. Sin embargo también lo puede ser de MALTRATO, pues las situaciones de maltrato más dolorosas e impunes suelen darse en el entorno familiar. Ahí es mucho lo que tenemos que decir los y las trabajadores sociales, pues detectar y erradicar este tipo de situaciones es uno de nuestros más importantes cometidos.

Las personas crecen en familia, y llegadas a una edad salen a experimentar fuera de ella,  establecen nuevas relaciones y han de enfrentarse a un mundo que nada tiene que ver con lo aprendido hasta el momento. Lanzarse a vivir y toparse con sentimientos de indefensión aprendida ante determinadas situaciones personales o sociales, limita mucho a la persona y también la hace sufrir, dado que por lo general la obliga a aguantar y a someterse a circunstancias que no quiere vivir,  humillaciones,  injusticias, desaprobaciones, o a que le resten valor.

¿Y cuál es la voz de la indefensión aprendida, cuál es el eco que emite dentro de la persona y que la paraliza para actuar?

«Yo no puedo.

Lo siento.

Me avergüenzo por no hacer nada.

No puedo mirarte.

No puedo tomarte.

Tengo ansiedad.

No puedo permitir que me cuides, ni que me quieras.

No lo estoy haciendo bien.

Todo es un desastre.

Todo está perdido.

!Cállate! No digas nada.

No tiene solución.

No hay nada que yo pueda hacer.

Lo siento.

Se que yo lo he permitido.

Todo está mal.

Lo siento.

No merezco que me quieras.

No puedo mirarte a los ojos.

No puedo hacer nada.

No quiero estar aquí»

Esta puede ser sólo una voz, o una de las voces que se manifiestan dentro de la persona cuando está expuesta a un estímulo negativo- agresivo del que no sabe cómo defenderse, ni cómo actuar. Estas son las voces que escucha dentro de sí. No hace nada, y no se permite amarse a sí misma, pues se siente no merecedora de su amor propio.

Ahora bien, el problema lo tenemos claro, pero ¿Cómo podemos encararlo?

Fruto de las experiencias que he vivido, tanto en mi profesión como en mi propia vida, se me ocurren dos, que han de ir de la mano y secuencialmente:

La primera es LA CONCIENCIA. Tomar conciencia de lo que nos ocurre, de cómo nos paralizamos ante determinado tipo de situaciones, y cuán impotentes, asustados e incluso  tontos nos hace sentir. La conciencia debe ir siempre de la mano de cualquier acción para el cambio.

Lo segundo, y no menos importante, es LA EXPERIMENTACIÓN opuesta a lo que ya conoces: DESOBEDECE-TE.  Mi teoría es que la clave de la desprogramación está en la desobediencia, pues aunque los hechos que hemos vivido nos marcan (en forma de aprendizajes) siempre hay un espacio de libertad interior (tuyo) que debes reconocer y explorar, y justo en ese espacio está tu desobediencia a esa aparente limitación. Y cada vez que desobedeces, tú te haces más fuerte:

– ¡No me da la gana de callarme!

Se trata de lanzarse a experimentar el desobedecer comenzando poco a poco, con metas sencillas (plantando cara a esa situación o persona que nos pone a prueba una y otra vez… no permitir que nos interrumpan, negarte a hacer algo que no quieres aún a sabiendas de que tu imagen puede no quedar favorecida, etc). Cada uno debe ir enfrentándose a su ritmo. Se puede comenzar en un entorno más o menos controlado (en sesiones terapéuticas) o con la ayuda de un buen o buena amiga. Un aprendizaje señalizado por pasos puede ser muy positivo. Poco a poco vamos aprendiendo que nosotros tenemos las riendas y el timón de nuestra propia vida, y eso se va asentando, o interiorizando, independientemente de que no podamos «estar finos» en el 100% de las situaciones que se nos presentan.

Cuántas más experiencias de enfrentamiento vayamos atesorando, más confiados, fuertes y capaces nos iremos sintiendo, y más preparados estaremos para el cambio. Esto nos refuerza y nos hace ampliar el abanico de opciones cuando nos encontramos ante un estímulo que nos es dificil enfrentar.

Autora: Inmaculada Asensio Fernández

Fuentes consultadas para realizar esta entrada:

Presentación del Método The Work de Byron katie utilizando un marco budista y neurobiológico

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Debra London, M.D. london.debra@gmail.com www.rightbrainpsychiatry.com

Inspirado de manera amplia en el artículo titulado «Perspectivas budistas y psicológicas en las emociones y el Bienestar», que ha sido tomado como referencia principal, voy a tratar de explicar cómo The Work puede trabajar utilizando un marco budista y neurobiológico.

Este artículo surgió de reuniones con el Dalai Lama sobre las emociones destructivas.

Está escrito por Paul Eckman, Richard J. Davidson, Mattthieu Ricard, y B. Alan Wallace.

( http://www.investigatinghealthyminds.org/pdfs/EkmanBuddhistCurrDirPsychSci.pdf )

En primer lugar, permítanme esbozar algunos de los puntos principales de este artículo:

Los autores proponen que los hallazgos actuales en neurobiología se apoyan en puntos de vista budistas sobre la emoción. No hay ninguna palabra para «emoción» en pali, sánscrito o tibetano. La neurociencia ha constatado que «todas las regiones del cerebro que se han identificado con algún aspecto de la emoción, también se han dentificado con aspectos de la cognición. El sistema de circuitos que soporta el afecto y la circuitería que apoya la cognición están completamente entrelazados; una disposición anatómica coherente con la visión budista de que estos procesos no pueden ser separados.

La definición de Sukha se define como «un estado de florecimiento que surge del equilibrio mental y la comprensión de la naturaleza de la realidad». Más que una emoción pasajera o un estado de ánimo despierto por estímulos sensoriales o conceptuales, sukha es un rasgo perdurable que surge de una mente en equilibrio y conceptualmente supone una conciencia no-estructurada e no-filtrada sobre la verdadera naturaleza de la realidad»…. Se trata de un profundo sentimiento de bienestar, una propensión hacia la compasión, la reducción de la vulnerabilidad a las circunstancias externas, y el reconocimiento de la interrelación con los seres vivos. Es un rasgo frente a un estado temporal que penetra y se propaga en toda experiencia y comportamiento de vida.

Dukha (sánscrito) a menudo se traduce como sufrimiento. No es simplemente un sentimiento desagradable. Más bien se refiere con más profundidad a una vulnerabilidad al sufrimiento y al dolor debido a una des-aprehensión de la naturaleza de la realidad «.

El reto inicial en el enfoque budista es permitir que los estados mentales de conciencia destructivos puedan transformarse a través de años de meditación, osea que esto sea hecho de forma introspectiva, mediante actividades mentales como la meditación y la contemplación.

En psicología las emociones son consideradas desde un punto de vista evolutivo y son focos de considerable atención en procesos de terapia. Aunque las emociones se clasifican en positivas y negativas, se considera que sólo son perjudiciales en exceso. Además el objetivo de una terapia no es usualmente el librarse de una emoción, sino regular la experiencia y la acción desde que una emoción es sentida… en otras palabras tener el control.

El budismo y la psicología están de acuerdo en afirmar que la hostilidad es destructiva para la salud y que la violencia impulsiva crónica es disfuncional y patológica. Además, las únicas situaciones en las que la psicología recomienda cambiar las emociones, son para estados definidos como psicopatológicos. Actualmente no existe en la cultura occidental ningún enfoque que implique un esfuerzo persistente a largo plazo que involucre habilidades complejas en el aprendizaje del desafío de soportar determinados estados emocionales, a diferencia de la educación superior y el ajedrez.

El budismo tiene un sistema para esto y tiene décadas de entrenamiento para llegar a los estados más elevados de conciencia.  El budismo se destaca por la comprensión de los estados y en el desarrollo de las etapas de la meditación. No tiene un método para tratar directamente con el contenido real de los pensamientos estresantes. Los enfoques psicológicos occidentales se han centrado en un cuestionamiento socrático de la mente, en lo que se refiere a los pensamientos estresantes y ha sido una excelente herramienta para la reducción del sufrimiento en lo que se refiere a las «emociones destructivas».

El budismo y The Work tienen algo en común: el objetivo es encontrar la paz y reducir el sufrimiento. The Work es una innovadora y única herramienta cognitiva, que utiliza una serie de preguntas e inversiones, que además emplea la capacidad de introspección innata de la mente, y  percibe e interpreta las sensaciones corporales. El énfasis en las sensaciones corporales experimentadas con y sin el pensamiento a menudo son asociadas con mayores cambios significativos que si la comprensión es puramente intelectual.

El efecto de practicar The Work, según lo descrito por aquellos que utilizan The Work como práctica mental, algunas veces es descrito como similar a una experiencia de Sukha. Tal como la meditación, The Work también requiere una «monitorización de las actividades mentales internas», añadiendo preguntas e inversiones. El testimonio de la mente sobre el efecto del pensamiento estresante en la tercera pregunta «¿Cómo reaccionas cuando crees en ese pensamiento?» Es «dukha». La cuarta pregunta: «¿Quién serías tú sin ese pensamiento?» Crea un contraste que permite a la mente la evidencia de lo que es la vida sin el pensamiento estresante. Las «inversiones» reequilibran la mente apegada a un falso pensamiento mediante la capacidad de la mente para encontrar pensamientos adicionales que son más verdad y menos estresantes, usando múltiples y opuestas perspectivas. Esto reduce la disonancia cognitiva con gran efecto y eficacia. Además, cuando las personas encuentran sus propias inversiones y ejemplos, tienen un mayor impacto que si se las suministra otra persona a través de una terapia o de una enseñanza filosófica.

The Work parece permitir al que lo practica experimentar una liberación del dolor muy rápidamente y con rasgos afectivos duraderos. Este fenómeno, repetido suficientemente, puede dar como resultado profundos estados y cambios de rasgos debido a la neuroplasticidad o capacidad inherente del cerebro para la remodelación de sí mismo, utilizando la conciencia, la atención plena y la intención. The Work ilustra una nueva compresión de cómo funciona la mente, y más concretamente nuestro pensamiento, como raíz de la causa del sufrimiento, del dolor, la confusión y la ilusión, y cómo podemos ser libres de los efectos de estos pensamientos estresantes. La sencillez, la profundidad, la velocidad y el poder de The Work no tiene precedentes en la historia de las herramientas disponibles para las personas en la meditación oriental y en las tradiciones psicológicas occidentales. Cualquier mente que pueda contestar con honestidad y verdad a estas cuatro preguntas y a las inversiones, se dará cuenta de que su vida cambia en una dirección pacífica.  «El trabajo» no es de auto-ayuda, terapia ni pensamiento positivo. Se trata de un nuevo paradigma disponible a todo el mundo y que se puede utilizar en el campo de la educación, la terapia, en el trabajo con padres (con uno mismo o con otros).

Teóricamente The Work puede ser usado para mejorar la práctica de la meditación así como  los enfoques psicoterapéuticos tradicionales y transpersonales, que utilizan la conciencia o  visualización para promover la curación y el crecimiento. The Work puede ser utilizado en centros penitenciarios, en psicoterapia, en educación… en procesos individuales o grupales. Se puede realizar efectivamente por teléfono o utilizando un programa de ordenador.

Para comprender verdaderamente el poder y la efectividad de The Work, debe ser experimentado de primera mano, En mi opinión, la ciencia no debe tener ningún problema para validar lo que es empíricamente evidente para mi, y para muchos otros profesionales en cuanto a su eficacia.

Artículo original:

http://www.rightbrainpsychiatry.com/home/Inquiry_files/Introducing%20IBSR%20Using%20A%20Buddhist%20and%20Neurobiological%20Framework.pdf

Texto traducido por:

Inmaculada Asensio Fernández

Centros de Protección de Menores. Una metodología de intervención basada en el AMOR.

Amor. Recuperación de los vínculos. Creación de redes informales de apoyo. 

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Este es un sueño que tengo desde hace tiempo, y que me gustaría compartir con vosotr@s.

Los Centros de Protección de personas menores de edad son establecimientos muy útiles y necesarios cuando las redes naturales de apoyo de las personas no funcionan, es decir, la familia. Estos centros son adecuados cuando hay un grave riesgo para la integridad (física o psicológica) de las personas menores dentro de sus propias familias.

Antiguamente este tipo de centros se constituían en macrocentros, totalmente despersonalizados, donde a cada menor se le asignaba un número a su ingreso para distinguirlo del resto, y así marcaban su ropa y objetos de su propiedad. Lógicamente la atención que podían recibir los niños y niñas en un centro de estas características era muy escasa, y totalmente limitada a cubrir las necesidades básicas de alimentación, vestido, “cierta” supervisión educativa -por decirlo de algún modo-  y poco más.

Estos centros cumplían con la función social de salvaguardar la vida, de proteger a aquellos más vulnerables, sin embargo no facilitaban la adquisición de lazos afectivos, ni siquiera entre los miembros de una misma familia (a veces incluso los separaban). Yo conozco algunos casos de personas que hoy tienen más de 60 años y que fueron separadas de sus hermanos, primos, etc; tampoco promocionaban las relaciones sociales, más allá del interés particular del propio individuo, de manera que la persona, una vez cumplía la mayoría de edad, no contaba con una red de contacto y apoyo informal… Sin embargo el centro “de protección” si que cerraba sus puertas para ella.

Hoy día parece que hemos superado este concepto de macrocentro, aunque -dada la coyuntura económica- el miedo de muchos profesionales de lo social es que la tendencia se encamine hacia gestionar con menos dinero, expuestos a la privatización más competitiva y menos humana, con criterios absolutamente empresariales. Si se promueve atender a más personas con menos dinero y recursos… la tendencia inexorablemente será hacia la vuelta al macrocentro. Puede que en términos económicos sea más rentable, pero desde luego no en términos sociales. Paradógicamente nos preocupamos por los derechos humanos, pero no nos preocupamos por las personas.

Sin embargo, hoy no quiero quedarme en la crítica, sin más. Mi sueño es ir más allá de la cobertura de las necesidades básicas, más allá de proporcionar seguridad y protección. Y al hilo de esto, se me ocurre plantear unas cuantas preguntas: ¿Qué sucede con la gestión de los afectos? ¿De qué manera estos centros se aseguran de que las personas menores de edad reciban amor?

Por todos es sabido que el AMOR es capaz de “mover montañas”… es capaz de impulsarnos, de animarnos a actuar para buscar de lo que necesitamos, de proporcionarnos amor propio o autoestima, de generarnos salud, de generar mecanismos de autoprotección y protección hacia los demás, etc.

Y sigo preguntando: ¿Qué tipo de sociedad queremos? Esta última pregunta sería para tener en cuenta por aquellas personas que deciden dedicarse a labores de gestión, dirección y atención en este tipo de centros.

ESTE ES MI SUEÑO

Yo apuesto por una metodología pedagógica basada en el AMOR. Estos serían los tres pilares fundamentales a desarrollar dentro de esta metodología:

UNO: Educación en valores. Educación en el valor del AMOR. Expresiones de afecto materializadas en abrazos, en la transmisión de palabras o mensajes afectuosos y mediante el reconocimiento de todo lo bueno que esa persona tiene y puede dar a los demás. Todo ello desde el respeto más profundo hacia las características personales de cada niño y niña. Yo soy de esas trabajadoras sociales que piensan que muchos niños y niñas pueden sobrevivir a la pobreza más extrema, pero ningún niño o niña puede sobrevivir a la falta de amor.

DOS: Reconstrucción de vínculos. La reconstrucción de la propia historia es importante, sobre todo cuantos menos años tiene el niño o niña que ingresa en un centro. Rescatar aquellos momentos más importantes y significativos de su vida en el centro, y fomentar que la persona menor de edad pueda conocer y elaborar su historia, teniendo en cuenta a los miembros de su familia, entendiendo el lugar que él o ella ocupa en el árbol genealógico, de manera que de sentido a su vida. Esto no quiere decir que tenga que mantener contacto con la familia de origen, si el proyecto de intervención lo desaconseja; simplemente se trata de crear los espacios para hablar con libertad de su familia, y de este modo permitirle crear y guardar dentro de sí las imágenes de esos miembros, que son los que proveerán al individuo de esos padres internos con los que convivirá siempre. El sentimiento de pertenencia al grupo original da sentido a la propia existencia, más allá de que en algún momento de la vida se decida o no tener contacto con los miembros de la propia familia.

TRES: Creación de redes informales de apoyo. Los y las trabajadores sociales tenemos una importante función de promoción de las relaciones sociales, más aún debería serlo en centros de este tipo. Los y las personas menores de edad algún día crecerán y será muy positivo para ellos y ellas el contar con alguien con quien mantener contacto y, en caso de necesitarlo, apoyarse. Todas las personas del planeta estamos conectadas y funcionamos en red (sobre todo ahora con internet) así que promover y trabajar aún más la adquisición de vínculos, dentro y fuera del centro, es lo más positivo y adaptativo al medio.

«Si una persona ha sido privada de amor, lo único que la puede salvar es el amor».

Autora: Inmaculada Asensio Fernández

Separación de pareja e hijos

Hoy comparto un relato que he escrito con el objetivo de ilustrar la realidad de much@s hij@s tras el divorcio o separación de sus padres, de manera que se tome conciencia de lo importante que es mantener una relación lo más cercana posible con aquell@s, haciendo lo posible por lidiar con las propias dificultades, o las que en ocasiones pueda proporcionar la ex-pareja. Buscar ayuda puede ser una opción muy útil en la mayoría de estos casos, sobre todo si se opta por la fórmula de la mediación familiar para el proceso de separación.

Los hijos son hijos para toda la vida, independientemente de que la relación entre papá y mamá haya terminado. Comprender esto y respetarlo es absolutamente liberador para los hijos.

Vivir con la ausencia de «…» marca la vida. Más luego, al crecer, siempre se puede rescatar a los propios padres internos para arropar a ese niño o niña que un día fuimos. Con todo mi cariño.

Un domingo con papa

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Abro los ojitos a primera hora de la mañana y me acuerdo de papá. Hoy es domingo y le toca venir a buscarme para llevarme al parque.

Mientras me lavo la cara, me llega desde la cocina el olorcito a churros de los domingos, que es el único día que los fabrican, por lo menos eso dice mi madre. Me da mucha rabia porque me encanta desayunar con churros, pero bueno, el plan que tengo para hoy es mucho mejor; estoy deseando ver a papá que los últimos fines de semana ha tenido mucho trabajo y no ha podido venir, pero ya de hoy no pasa, que me lo prometió.

Corro a la habitación y con la ayuda de mama me pruebo varios vestidos, hasta que al final me quedo con el que más me gusta, el vestido blanco de raso, el que tiene el lazo más largo de todos… hoy quiero parecer una princesa.

Enciendo el cassette para escuchar música… -¿Me concede este baile señorita?- susurro frente al espejo mientras mama busca un cepillo para acomodarme el pelo… doy vueltas y vueltas sin parar cantando como una loca. Siento una revolución de mariposas en el estómago porque ya casi no veo a papa. Siempre está trabajando y apenas tiene tiempo para venir a verme como antes. A menudo le surge algo a última hora que le impide venir, pero hoy no, que me prometió que hoy estaría aquí puntual para pasar todas las horas del mundo conmigo, su princesa.

Luego de peinarme me voy corriendo al baño, otra vez, que de tanto nervio que tengo no paro de hacer pis.

-¿Qué hora es mamá? No entiendo porqué tarda tanto papá. Tengo ganas de salir ya a la calle y de echarme muchas fotos en el parque.

– Las diez y media – responde mamá. Seguro que hay mucho tráfico y por eso no le ha dado tiempo a llegar a las nueve. Espéralo en tu habitación vaya a ser que te manches tu vestido.

Cada vez que mi madre dice que hay tráfico pasa algo malo, ¿por qué será? Vuelvo a la habitación y comienzo a vestir y a desvestir todas mis muñecas, a pintarles la cara, cortarles el pelo… Juego mucho rato, el máximo que puedo, pues quiero dar tiempo a papa para luchar contra todos los monstruos que lo retienen contra su voluntad y que no lo dejan venir por mi; mi padre es fuerte y valiente y se pega con quién haga falta para llegar pronto a verme…eso seguro.

Me miro al espejo y veo que el pasador se me ha movido un poco y ha dejado tres o cuatro mechones de flequillo al aire. Ya estoy despeinada otra vez. Me detengo en la luz que entra por la ventana y veo que el color es distinto al de hace un rato. Salgo a buscar a mamá para preguntarle la hora y me la encuentro preparando la mesa para almorzar. No digo nada, doy la vuelta sobre mis pasos y me tumbo en la cama. Papá está trabajando seguro, y eso es bueno… pero yo tengo ganas de llorar.

Autora: Inmaculada Asensio Fernández

Elogio al Silencio

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El silencio habla.

El silencio respeta.

El silencio acoge.

El silencio envuelve.

El silencio atrae.

Cuando se sabe estar en silencio, cuando se habla desde el silencio, lo que se dice cobra fuerza.

El silencio es una energía o un traje, que el que lo porta gana en clase y distinción.

El silencio lo engalana todo.

Mientras el silencio distingue. el ruido incesante vulgariza.

Hablar sin parar es como poner una jarra bajo un grifo abierto… se desperdicia tanta agua…

El silencio no es sólo de palabra, es vaciarse, es no atender a la mente.

Cuando logro vaciarme bendigo estar aquí.

El silencio es estar contigo, o compartir con la persona que en ese momento está a tu lado, o con el mar o la puesta de sol.

Silencio y magnetismo es lo mismo.

El silencio es una bella música que cuando la conectas, es la que más fuerte se escucha de todas.

 Cuando se empieza a descubrir la grandeza del silencio, se quiere ir más allá, se quiere penetrar en él.

Autora: Inmaculada Asensio Fernández.

Fortaleza

La fortaleza, fuerza o poder personal -como lo llaman muchos- es algo que se va adquiriendo con el paso de los años, con la experiencia y con los aprendizajes que nos proporciona la vida. Es una actitud que nos protege frente a las adversidades y nos impulsa a afrontar los retos del camino.

Y ten en cuenta: «La fortaleza es un fino barniz, no un muro«.

(Inmaculada Asensio)

Fortaleza